Maüi de Utrera

19 de Octubre 2021

 

 

Nació escuchando una guitarra de fondo en esa belleza de sitio que es Utrera. Sólo con dos cuarterones de sangre gitana, aunque se siente más gitana que muchos gitanos.

Creció a la sombra de una familia especial, de esas de romance de luz y sombra donde se canta a la melancolía. Su padre tocaba la guitarra acompañando a su tío, un genio llamado Bambino, que cobraba el mayor caché de la época, pero se lo gastaba esa misma noche, al bajar del escenario.

En casa se organizaban fiestas alrededor de la olla de potaje y escuchaba decir que lo importante era “el duende”, y Maui en su inocencia naif, pensaba que el duende estaba en la olla porque todo ocurría a su alrededor.

Su padre después formó el grupo Los Centellas, hicieron una versión del toro enamorado de la luna y dieron un pelotazo. Entraron los dineros en la casa y el patriarca quiso compartir la gloria con la familia. Su madre pidió una cocina nueva, su hermano el carné de conducir y la niña dijo que quería estudiar música y se presentó en casa con un violonchelo. Al padre casi le da un patatús al ver aquel armario sonoro que ni era flamenco ni ná. Maui estudió música clásica y sostiene que Bach era flamenco, porque tuvo muchos hijos y componía la música con los tiempos del flamenco.

Así comenzó en el mundo del arte aquella niña, que cuando cantaba en el coro era “La gitana del polígono” y en su barrio era “Esa que canta en el coro”. Era el peaje de ser medio paya, medio gitana.

En ese alambique se ha ido fraguando de fuego y pedernal, sin conformarse con ser satélite de la galaxia familiar porque tiene un planetario dentro.

Blusa de lunares, flores enormes en el pelo, falda imposible de vuelos y encajes, zapatos elevados envueltos en imaginación. Alegría con balcones a la calle, mezcla de flamenca y clown de colores, genial, picassiana que no pasa indiferente.

Tiene tela ser flamenca y alérgica a las aceitunas. Se echa las penas a la espalda como una alforja y recupera sus raíces golpeando con los nudillos en la mesa sintiendo el compás y despertando el duende… “Vamos p´alante”

No es cantaora, es CONTAORA. Contaora de historias de emoción y pasión, naufragando entre el amor y el humor, con el escalofrío en las arterias, creando una atmósfera sinestésica, alterando la percepción del entorno mezclando colores, olores y sensaciones alrededor de una olla de potaje.

© Derechos de autor: Peña Periodística Primera Plana

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