Miguel de los Santos

07 de Marzo 2023

Es una de las grandes figuras de la radio y la televisión, en las que se prodigó cerca de medio siglo. Creador de formatos, locutor, innovador de la música retransmitida, publicista, reportero, elegante, educado, madridista hasta la médula y amigo. Amigo de esos con los que las sobremesas siempre son cortas y los recuerdos largos.

Nació en Valdemoro, cuando el municipio tenía 3.000 habitantes. Siendo muy joven, le entusiasmaba lo mismo hacer teatro en el cine de su padre que jugar al fútbol. Y las dos cosas se le daban muy bien. Un día lluvioso corrió para coger el tranvía, al agarrase se escurrió y fue arrastrando muchos metros. El accidente le costó una múltiple rotura de fémur, meses de cama y el adiós al fútbol.

Estudió en la Escuela Oficial de periodismo y debutó en Radio Juventud en 1954.

Por sus micrófonos pasaron todos los artistas destacados de la época: Marisol, Tip y Coll, Gila, Julio Iglesias… La primera entrevista que hizo Raphael con 18 años, antes de ganar en Benidorm, se la hizo él. En 1965 fichó por la SER, y se convirtió en un referente.

Es un libro de la reciente historia de España vivida en primera persona, tan en primera persona que estaba en el despacho de Adolfo Suárez el día que éste ganó las primeras elecciones democráticas. 

Su carrera televisiva es más prolífica incluso que la radiofónica. Programas como Especial Pop, Voces de Oro o Retrato en vivo son historia de la tele. En 1975 surgió la gran oportunidad de hacer una serie de programas por toda Latinoamérica y fue todo un descubrimiento.

Sus viajes le llevaron a conocer en profundidad ese continente y entrevistó a Pablo Neruda, Salvador Allende, Castro y a Ernesto Cardenal, figura que ha inspirado la última novela que está escribiendo: “Flor de avispa”.

Porque Miguel también escribe. A su primer libro, “Relatos de mi memoria”, que es un recuerdo de toda su carrera, le siguieron “El fabuloso mundo de Mateo Benavides” y “Cabalgando sobre un caballo de cartón”.

Una comida llena de anécdotas y sana nostalgia. Porque, como él dice, no es lo mismo nostalgia que melancolía, son como el colesterol bueno y el colesterol malo. La melancolía es el malo, produce tristeza. La nostalgia es el bueno, produce sonrisas con los recuerdos maravillosos que hemos vivido.

Ha ganado muchos premios, muchos, pero uno de los que más ilusión le ha hecho ha sido ser nombrado “Hijo predilecto de Valdemoro” ¡Por unanimidad! Que estando las cosas como están, que todos los partidos políticos se pongan de acuerdo en algo, acredita el excelso valor de nuestro invitado. Sí señor, una comida con olor a naranja.

 

Fernando Corella

© Derechos de autor: Peña Periodística Primera Plana

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